Aprendí a ser un animal nocturno, a vivir más de noche que de día, a reír cuando en verdad solo quería llorar, a salir por la puerta a comerme el mundo sin pensar si volvería o no. Sin quererlo me hice de piedra, sin saberlo empecé a morir por dentro, muy lentamente, maté a mi alma de no poder alimentarla.
Si tuviese el poder de parar el tiempo, sabotear los silencios que se introducen en mi vida, si lograse mandar en mí misma.
Yo no quiero querer si no me quieren, no quiero ser una presa más de nuevo que pende de un hilo y que se encuentra esperando el final mientras todo se desvanece a su alrededor poco a poco.
De la vida aprendí, que hay que caer y volver a hacerlo, para levantarme en silencio como ya hice antes, sin lágrimas solo con una sonrisa.

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