La lluvia caía levemente rozando sus frías mejillas mientras ella permanecía inmóvil disfrutando de la única compañía de la naturaleza y la lluvia. Nunca logró comprender por qué la gente odiaba tanto la lluvia, no sabía si los raros eran ellos o si en verdad se trataba de ella, lo único que sabía es que no había placer mayor en el mundo para ella que sentir la lluvia precipitándose y acariciando su piel como frías caricias.

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