Mucha gente a lo largo de su vida dice dejarse llevar por el Carpe Diem, por vivir el ahora, por vivir el momento y no pensar en lo que vendrá después. Pero, luego, ¿cuánta gente de verdad lo lleva acabo y deja que todo fluya?
Pues cuando ya no te queden fuerzas para moverte y decidas hacer la última balanza, dime, qué pesará más, ¿todo aquello a lo que decidiste tirarte de cabeza sin pensar en las posibles consecuencias que acarrearían esas acciones aunque luego te arrepintieses de ello? O quizá, ¿pesará más todo aquello que decidiste evitar a toda costa, todo aquello que alejaste de ti viendo como se escapaba entre tus dedos por miedos absurdos que sobrevolaron tus pensamientos, pero de lo que ahora te arrepientes por no haberte tirado de cabeza al precipicio y ver qué te deparaba?
Debemos aprender que de esta vida nadie se salva de sufrir, de caer, de equivocarse, y siendo así, ¿por qué no dejarnos sorprender por lo que nos depare la vida? ¿por qué levantarnos tras cada caída y aprender después de cada error cometido?
Hace falta abrir más el corazón y cerrar más los ojos, y que venga lo que tenga que venir.

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