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Mostrando entradas de marzo, 2016
A lo largo de nuestra vida pasan a nuestro lado un sin fin de trenes, de nuevas oportunidades, de las que dejamos escapar la gran mayoría.
Todas esas oportunidades que dejamos escapar entre nuestros dedos, esos trenes que creímos sin parada, esos barcos que nunca llegarían a buen puerto, día tras día nos acaban atormentando. No dejamos de pensar en que hubiera pasado si...o y si hubiese hecho esto o lo otro... Esta indecisión es la que provoca las noches de insomnio, las horas y horas dando vueltas en la cama porque los pensamientos suenan más alto que tu propia voz.
Siempre pensamos constantemente en y si hubiese cogido esa llamada, y si no me hubiese ido ese día, y si me hubiese intentado quedar...
Nunca en tu vida podrías pensar que hasta la más pequeña de las decisiones que tomamos en nuestro día a día podrían llegar a cambiar de una forma tan radical, en algunos momentos, tu vida. Pero ahora, te das cuenta de todo ello, de que los pequeños detalles cuentan, que las pequeñas decis…
Cada persona es un mundo, y cada persona esconde su propio mundo.
Todos tenemos un lugar especial al que nos gusta huir y escapar de vez en cuando, cuando sientes que el peso del mundo sobre tus hombros es demasiado para seguir soportándolo, cuando sientes que el mundo se te viene encima y todo te queda grande. Ese lugar en el que simplemente pones tu música favorita, cierras los ojos, desconectad y echas tus problemas a un lado.
Un lugar donde puedes desahogarte perfectamente sin que nadie te pueda molestar, sin nadie que te diga nada ni te juzgue, donde los problemas dejan de existir para dejarte solamente a ti y a tus pensamientos por un rato a solas.
Es un lugar al que sabes que por muchos años que pasen, cuando necesites un tiempo para ti mismo, acudirás sin dudarlo un segundo para detenerte a pensar, ordenar tus pensamientos y volver a empezar.
Los puntos suspensivos y sus secretos.
Muchas veces, cuando no nos apetece dar explicaciones, no estamos contentos con algo o simplemente no sabes cómo expresar tus sentimientos en ese instante concreto de tu vida, acudimos a la ayuda de unos puntos suspensivos. Unos puntos suspensivos que esconden los secretos de cada persona, lo que de verdad querríamos decir pero no decimos por miedo a consecuencias, que esconden un huracán de sentimientos y emociones, de recuerdos y momentos que quizás no queremos desvelar, pero queremos tener en cuenta.
Unos puntos suspensivos a los que recurrimos a lo largo de nuestra vida y que al final solo son una mínima explicación de lo cansados que nos encontramos y de que no deseamos hablar más con esa o esas personas que nos llevan a utilizarlos.
Cuando algo acaba siempre nos queda esa sensación de fracaso, de metas no logradas, de sueños no cumplidos, de promesas incumplidas... Pero, no solo existe esa sensación sino que al cóctel se le suma un mar, o más bien un océano, de dudas, de todas aquellas preguntas sin respuesta que rondan tu cabeza en cada segundo del día, que aparecen de repente sin previo aviso y te descolocan para el resto del día. Empiezas a preguntarte qué hubiese pasado si hubieses hecho las cosas diferente, de una u otra forma, que hubiese pasado si nada hubiese acabado, hasta dónde podrías haber llegado o desde cuando debía de estar terminado. Y lo peor de todo el cóctel, es cuando ese punto que debería ser final se convierte en unos puntos suspensivos que hacen que tu cabeza no para de dar vueltas y que no te hace nada bien. Unos puntos suspensivos que aparecen cuando todo parecía volver a estar bien, en el sitio donde debía de estar, para cambiarlo todo y que te hacen dar cuenta de que te estabas engañand…
A lo largo de mi vida siempre me he movido por sentimientos, por impulsos, por lo que quería de verdad en ese momento sin pararme mucho para pensar sobre todo lo que estaba haciendo.
Siempre he sido de las que piensan que de nada sirve arrepentirse, y menos aún quedarse con las ganas. He sido de las que se mueve por impulsos del momento, que hace lo que la apetece cuando la apetece sin pararse a pensar en nada más que en lo que está viviendo.
He de decir, que esto no siempre me ha traído enormes momentos y ha sido del color de rosa, también me ha traído más de un quebradero de cabeza pero pese a todo, sigo pensando que si tuviese que volver atrás daría todos y cada uno de los pasos que he ido dando porque aunque me mueva por impulsos, también lo hago por sentimientos y por lo que de verdad quiero y cuando haces las cosas de verdad, de corazón, no hay nada malo en ello.
Puede que haya decisiones que no hubiese debido tomar, o situaciones que debiese evitar, pero al final del día, piens…
Siempre me he preguntado qué es lo que se siente cuando consigues algo que te propones, cómo es esa sensación de satisfacción con uno mismo por el trabajo bien hecho que lleva  a conseguir unas metas marcadas anteriormente.
Y es que, cuando consigues aquello por lo que has luchado, por lo que te has esforzado cuando lo tienes, cuando puedes palparlo,  la sensación de orgullo y la mezcla de alegría y adrenalina hacen de ese momento un momento único en el que la única reacción posible es lanzar un grito al aire, un grito de satisfacción, de trabajo bien hecho que consigue unos frutos, un grito de desahogo por haber avanzado un poco más en el camino marcado.

Mucha gente, pocas personas.
En la sociedad que vivimos actualmente no veo un mínimo razonable y optimista de personas, solamente logro ver gente que pasa delante de otra gente con prisa, mirando a los demás por encima del hombro como si ellos se tratasen de dioses venidos del mismo Monte Olimpo, cuando en realidad no son más que eso, gente.
Gente que se ríe ante la desgracia de los demás, gente que le importa más su propio interés que el resto de gente que hay a su alrededor, gente que pisa y mata a otra solo para lograr los objetivos que se propone, gente a la que parece la cuesta mostrar un simple gesto de compasión con lo que ocurre en el mundo, gente que vive más pendiente de cómo lucen ese día que de cómo lucen en su interior.
Cada vez que veo el telediario, leo el periódico o salgo a la calle me pregunto si algún día esa gente se dará cuenta y cambiará, si algún día nuestros hijos, nuestros nietos o quien sea podrá ver una sociedad de más personas y menos gente.
Cada paso que des en la vida, dale seguro de lo que haces y sintiéndolo de verdad porque siempre que hagas algo de corazón, sintiéndolo no será nunca en vano ni será algo de lo que te puedas llegar a arrepentirte de aquí a un tiempo. Aunque, que hagas algo de corazón y lo sientas así y no te arrepientas no quiere decir que no esté mal hecho o que debas dejar de hacerlo porque debes a veces no actuar solo de corazón sino también echar un vistazo a lo que tu cabeza te dice.
Mucha gente intenta decirte qué camino debes seguir a lo largo de tu vida, intentan decirte qué debes hacer para que todo vaya "bien", pero no se dan cuenta que si hicieses caso a todo lo que dicen nunca aprenderías porque solo aprendemos en base a los errores propios, a los errores que cometemos nosotros mismos. Pues nunca hubieses aprendido a escribir solamente escuchando como debes hacerlo sino que aprendiste a base de práctica y de fallar y de equivocarte.
La vida al fin y al cabo, se trata de eso de tropezar y levantarse para crecer más fuerte y madurar, aprender para no volver a cometer los mismos errores y por ello me alegro de no haber escuchado a aquellas voces que me decían cual era el camino correcto que debía seguir y simplemente haberme dejado llevar y crear mi propio camino.