La gente suele decir que las personas no cambiamos, pero siento decir que mienten, porque si alguien me pregunta si sigo siendo la misma persona que hace unos meses les diría que no, que ni de lejos soy la misma persona.
Hace unos meses no valoraba lo que realmente es importante de la vida, y permitía que pequeñas cosas me ahogaran en un vaso de agua en el que podía mantenerme a flote sin problema. No valoraba que calidad es mejor que cantidad, que a veces las personas se van porque ha de ser así, porque por mucho tiempo que alguien lleve en tu vida a veces es necesario dejarles ir.
Aprendí, que el fin de algo no significa el fin del mundo, que nadie es imprescindible en tu vida y que nadie te va a querer más que tu mismo,que debes aprender a valorarte y darte la valía que posees y nada más ni nada menos que eso.
Hace unos meses estaba cegada, y es que, a veces no nos queremos dar cuenta de lo que estamos haciendo, o mejor dicho, de lo que nos estamos haciendo, dándonos golpes una y otra vez contra una pared que todos ven menos tú.
Hace unos meses no era la misma persona que ahora, y es que ahora sé lo que quiero, me conozco un poco más y sobre todo, sé lo que no quiero.
Dicen que a veces es necesario perderte para poder encontrarte, y cuánta razón quien pronunció esas palabras, porque simplemente necesité irme lejos, probarme a mi misma y ver todo con otra perspectiva, perderme, para lograr encontrarme y avanzar.

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