En la vida no hemos venido a pasar de puntillas, hemos venido a vivirla, a exprimir cada gota de ella hasta que no puedas más. Hemos venido a dar el 200% de nosotros mismos, hemos venido a reír, a llorar, a bailar, a cantar, a sentir... En la vida, hemos venido a acabar con cicatrices, que esconden lecciones y recuerdos, a acabar con marcas por todo el cuerpo de los grandes momentos, a acabar con el que dirán y perseguir y luchar por nuestras metas, por nuestros sueños. En la vida hemos venido a vivir de extremos, a no vivir de medias tintas que se borren con el tiempo. En la vida, simplemente, hemos venido a vivir. Att. @rakelhe
Mucha gente a lo largo de su vida dice dejarse llevar por el Carpe Diem, por vivir el ahora, por vivir el momento y no pensar en lo que vendrá después. Pero, luego, ¿cuánta gente de verdad lo lleva acabo y deja que todo fluya? Pues cuando ya no te queden fuerzas para moverte y decidas hacer la última balanza, dime, qué pesará más, ¿todo aquello a lo que decidiste tirarte de cabeza sin pensar en las posibles consecuencias que acarrearían esas acciones aunque luego te arrepintieses de ello? O quizá, ¿pesará más todo aquello que decidiste evitar a toda costa, todo aquello que alejaste de ti viendo como se escapaba entre tus dedos por miedos absurdos que sobrevolaron tus pensamientos, pero de lo que ahora te arrepientes por no haberte tirado de cabeza al precipicio y ver qué te deparaba? Debemos aprender que de esta vida nadie se salva de sufrir, de caer, de equivocarse, y siendo así, ¿por qué no dejarnos sorprender por lo que nos depare la vida? ¿por qué levantarnos tras cada caída y ap...
Cuando algo acaba siempre nos queda esa sensación de fracaso, de metas no logradas, de sueños no cumplidos, de promesas incumplidas... Pero, no solo existe esa sensación sino que al cóctel se le suma un mar, o más bien un océano, de dudas, de todas aquellas preguntas sin respuesta que rondan tu cabeza en cada segundo del día, que aparecen de repente sin previo aviso y te descolocan para el resto del día. Empiezas a preguntarte qué hubiese pasado si hubieses hecho las cosas diferente, de una u otra forma, que hubiese pasado si nada hubiese acabado, hasta dónde podrías haber llegado o desde cuando debía de estar terminado. Y lo peor de todo el cóctel, es cuando ese punto que debería ser final se convierte en unos puntos suspensivos que hacen que tu cabeza no para de dar vueltas y que no te hace nada bien. Unos puntos suspensivos que aparecen cuando todo parecía volver a estar bien, en el sitio donde debía de estar, para cambiarlo todo y que te hacen dar cuenta de que te estabas engaña...
Comentarios
Publicar un comentario
Espero vuestra opinión y que os guste. Gracias por visitarme :)