Me niego a creer que somos la generación perdida, me niego a pensar que somos la generación que no quiere relaciones, que no quiere comprometerse con nada ni con nadie. Me niego. Yo creo en la generación encontrada, aquella que nada se la ha dado por hecho sino que ha tenido y tiene que luchar para lograr aquello que anhela, aquella que cuando empieza algo se compromete con ello y no parará hasta que acabe. Creo en la generación que no se rinde, que por muchas piedras que nos pongan en el camino día tras día, aún seguimos en pie y si en algún momento consiguen hacernos caer, nos volveremos a levantar más fuertes que nunca. Somos una generación de valientes, de valientes porque somos la generación que nos ha tocado salir ahí fuera a buscarnos la vida, a vivir nuestra vida, con una mano delante y otra detrás, a veces en nuestro propio país lejos de los nuestros, y otras en otros países lejos de nuestra gente. Soy de la generación de la tecnología, de los mensajes de whatsapp y los ...
Siempre me he preguntado qué es lo que se siente cuando consigues algo que te propones, cómo es esa sensación de satisfacción con uno mismo por el trabajo bien hecho que lleva a conseguir unas metas marcadas anteriormente. Y es que, cuando consigues aquello por lo que has luchado, por lo que te has esforzado cuando lo tienes, cuando puedes palparlo, la sensación de orgullo y la mezcla de alegría y adrenalina hacen de ese momento un momento único en el que la única reacción posible es lanzar un grito al aire, un grito de satisfacción, de trabajo bien hecho que consigue unos frutos, un grito de desahogo por haber avanzado un poco más en el camino marcado.
Cada noche que pasaba ella se preguntaba que era lo que hacía mal cada segundo que pasaba con él, ella pensaba que quizá eran invenciones suyas y todo era perfecto, y que cuando se separaban no podían vivir el uno sin el otro y se extrañaban, también creía que cuando volvieran a verse todo sería como si nunca hubiese ocurrido nada y ella diría hola, y él la abrazaría fuertemente mientras susurraba a su oído "te extrañé tanto..." Lo bueno de todo aquello es que solo eran meras invenciones que ella hacía en su cabeza por lo que podría suceder todo lo que deseara, pero luego llegaba el momento de darse de bruces con la cruda realidad de que nada es perfecto, y de que nada ocurre como deseas por el mero hecho de que lo sueñes así.
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